Acabo de leer el libro “Ejercicios de Estilo” de Raymond Queneau. Creo sin dudas que todo aquel que quiera comenzar a escribir lo que sea debería leerlo antes de intentar plasmar sus ideas (yo debí haberlo hecho hace mucho). El libro es bastante jocoso y muestra como existen infinitas formas de decir la misma cosa, es decir, que se le puede poner inumerables aromas a la misma material fecal. Aquí le dejo unos ejemplos de mi autoría:
Sencillo
Ayer en la mañana fui como todos los días a comprar pan al colmado y a la hora de pagar me dí cuenta de que había dejado el dinero en casa. Le dije al colmadero que podía darme el pan y que yo le pagaba luego. El optó por regalarme el pan.
Desde el final
– No importa le regalo el pan – me dijo
Mi cara de asombro y agradecimento era mi única forma de pagar el gesto del colmadero que prefirió darme gratuitamente aquel producto y no esperar a que buscara el dinero olvidado en la casa.
Frases cortas
Entro al colmado. Pido el pan acostumbrado. El colmadero atiende mi pedido. Busco el dinero para pagar. Mis bolsillos están vacíos. Le digo que luego traigo el dinero. El prefiere regalarmelo.
Las ganas de hacerlo largo
En mi costumbre mañanera de saciar mi apetito feroz, encaminé mis pasos hacia el colmado de la esquina. Al entrar, note un ambiente vacío, era como si los envases de los productos aún estuvieran dormidos en el letargo que produce el no haber sido comprados.
- Pan, verdad? – me preguntó el colmadero de forma rutinaria.
- Sí, cuatro panes de agua por favor.
- Son viente pesos – me dijo mientras los colocaba en una de esas fundas plásticas con rayas rojas.
Escarbé los bolsillos de mis pantalones, luego mi cartera, despues el bolsillo de la camisa y finalmente acaricié mi cuerpo como quien se enjabona para tratar de encontrar la moneda de vienticinco pesos que creía haber llevado.
- Mierquina! Se me quedó el dinero en la casa! – pensé en voz alta.
El colmadero permaneció en silencio.
- No se preocupe yo le traigo el dinero ahora – le dije.
- Se lo regalo! Usted es un cliente fijo de aquí, no hay problema.
Le pagué con una sonrisa de agradecimiento y me fui con el corazón contento a pesar de no tener aún la barriga llena.
La Otra cara
Ayer viniste al colmado a buscar los mismos cuatro panes de siempre. De forma automatica te atendí. Me resultó chistoso el ver que se te había olvidado el dinero. Preferí regalarte el pan pues sabía que también te ibas olvidar traermelo luego.
Décima
Justo ayer en la mañana
para comenzar mi afán
fui al colmado a comprar pan
a la hora más temprana
y que sorpresa mi pana
que vergüenza pasé yo
el dinero se quedó
olvidado inutilmente
y colmadero decente
el pan me lo regaló.