Chequeo

El examen médico había sido rutinario hasta ese momento. El muy mencionado Dr. Koch me había hecho alrededor de cincuenta preguntas sobre distintos padecimientos. Mi respuesta siempre fue “No”. “Sufre de diabetes? -No”, “Es alérgico a la aspirina? -No”, “Puede silbar mientras cepilla sus dientes?-No”. Terminado el cuestionario de rutina me hizo quitarme el abrigo y la camisa para colocar su estetoscopio en mi pecho y en mi espalda para verificar si yo no tenía algún animal tocando tambora dentro de mi caja torácica o algo por el estilo. Luego me revisó los ojos, quizás para ver si yo sufría de anemia o fumaba cosas raras y a continuación pasó a hacerme la simpática prueba de reflejos que consiste en golpearte la rodilla con un pequeño martillo.

Hasta ese instante no sabía por qué la mayoría de los muchachos en el seminario me habían mirado con una cara de “te jodiste” y de forma burlona cuando les decía que me tocaba visitar al Dr. Koch.

Aquel médico alemán, era un señor mayor de algunos sesenta y tres años, gordo, calvo y con espejuelos.

- Bájese los pantalones y también los pantaloncillos – me dijo mientras se colocaba un guante en su mano derecha.

Oh mein Gott! Yo solamente tenía veintitrés años y orinaba como un campeón de tiro al inodoro, no creo que fuese necesario que me hiciese un examen de la próstata. Se acercó a mí y me tomó por los testículos y colocándome el estetoscopio en la parte baja de la espalda me pidió que tosiera varias veces.

- Alles gut! Usted es todo un hombre. Sus riñones son masculinos. Disculpe que tengamos que hacerle este tipo de prueba pero aquí en Alemania hay muchas mujeres que quieren ser sacerdotes y hay que cuidarse de eso. – me dijo muy sonriente el viejito aquel.

Me quedé desconcertado por un momento y con mis asuntos al aire. Luego recapacité y me subí mis pantalones. Ese día descubrí que para ser cura realmente hay que tener “Cojones

Un comentario

  1. Hahah, Muy bueno Rel!

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