Con las manos en la masa

Era lunes. El ambiente laboral era bastante frío. Esa mañana había recibido pocas llamadas de los usuarios. Los únicos requerimientos eran para mi asistente el cual estaba encargado del sistema de contabilidad. Aún siendo yo el “encargado de cómputos” se me tenía prohibido dar soporte al sistema contable desde hacía dos semanas, cosa que yo no entendía, pues si bien era cierto que mi asistente dominaba perfectamente aquella aplicación, también era cierto de que antes que él fuese contratado, yo resolvía todos los problemas (En el departamento de cómputos solo trabajábamos dos personas).

También hacían varias semanas que la encargada del cuadre me había reportado cierto problema con dicho programa. Sucedía que de forma “mágica” se estaban borrando algunas facturas en el sistema.

A las 10:03 A.M. se acercó mi jefe, el dueño de aquella compañía embotelladora de agua, y me pidió que le consiguiera un cable coaxial. Me resultó extraño ya que las redes de compañía no funcionaban con ese tipo de cables, pero por otro lado pensé: “de seguro que lo quiere para la parábola de su casa”.

Busqué el cable y se lo entregué. Dos horas más tarde me llamó y me dijo:

- Mira Ariel! No te acerques a Fulano (mi asistente), es un ladronazo!

- Que hizo? – le pregunté.

Entonces mi jefe me contó la maravillosa hazaña realizada ese día. Resulta que una de las cajeras sospechaba que mi asistente se daba a la tarea de robar dinero de la casa mientras “arreglaba” el sistema. Así que ella lo llamó para que arreglara una falla. Cuando el llegó ella le dejó 500 pesos “mal puestos” o mejor dicho en un lugar visible y se fue al baño. Como era de esperarse, nuestro querido asistente tomó aquel llamativo papel verde y luego procedió a borrar una factura con el mismo valor en el sistema.

Al regresar, la cajera no encontró el dinero y precedió a denunciarlo a la oficina del jefe. Ambos subieron al despacho del jefe y comenzaron aquel breve juicio en el cual mi asistente se defendía y acusaba de difamación e injuria a la cajera.

Luego de que ambos expusieran sus testimonios mi jefe grito de la misma forma que Laura Bozzo en su pésimo programa: “Que pasen el vídeo!”. Entonces encendió un televisor que tenía en su oficina el cual había mandado a conectar a una cámara ubicada cerca de la caja con el cable coaxial que yo le había conseguido esa mañana. En el vídeo se podía apreciar las maniobras realizadas por mi EX-ASISTENTE para realizar su maravilloso acto de prestidigitación con aquellos 500 tululuzes.

(Y tan serio que parecía)

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אורן יומטוב