Era un día más. Mi jornada comenzó sin nada especial. Cada mañana tenía la misma rutina y el mismo diálogo con mi madre:

- Ariel, levántate!

- Tengo sueño.

- Levántate! Ya verás que cuando te bañes se te va a quitar el sueño.

- Yo no quiero que se me quite!

Mi argumento nunca fue válido para quedarme en la cama de lunes a viernes, así que tenía que bajar de mi lecho sagrado e ir al baño a ejecutar la tarea diaria de bañarme y de ejercitar las instrucciones del viejo comercial de Colgate (los de arriba para abajo….).

Luego de un breve desayuno tenía que esperar a mis dos vecinas: Leidy y su hermana mayor, de cuyo nombre no logro acordarme. Siempre tenía que ir con ellas dos al colegio.

El día transcurrió de forma normal, con las típicas lecciones de libro de Nacho, la misma merienda y los mismos juegos. Al salir tuve de igual forma que esperar a mis dos compañeras de camino, para poder regresar a casa.

Mi memoria no está en capacidad de recordar cual fue el motivo de la pelea que tuve con Leidy al regresar, solo recuerdo que ella me golpeó y yo en un arranque de ira la mordí en el pecho. Su hermana detuvo la pelea y yo me fui corriendo a mi casa. 

Llegué a casa y me quité el uniforme e inmediatamente pregunté le pregunté a mi madre por la comida.

En ese momento llegó Leidy a mi casa con su blusa desabotonada mostrándole a mi madre el tercer pezón que yo le había dejado marcado en el pecho. Luego de eso como era de esperarse me dieron mi respectiva pela.

A pesar de eso nunca hubo enemistad entre Leidy y yo, pero la vida nos separó al finalizar el año escolar, ya que mi madre y yo tuvimos que mudarnos.

Una decena y media de años más tarde volví a Haina lugar en donde me dieron mi primer beso y donde besé (aunque de forma muy violenta) por primera vez el pecho de una mujer. Fui a visitar la casa de Leidy. Allí me encontré con su madre que luego de decirme las cosas normales que me dice la gente después de muchos años sin verme (principalmente me dicen que estoy muy gordo), me dijo que siempre se acordaban de mí en la casa, pues Leidy nunca ha olvidado aquella mordida. Me contó que Leidy estaba casada y me mostró una foto tamaño gigante de ella, en la cual estaba tan bella que esta vez si que me dieron ganas de volver a pelear con ella y morderla con todo esmero.

(Y para los que no lo han hecho aún, favor darse una vueltecita por mi nuevo blog: gastandorollo.wordpress.com, un blog bien R.E.L. – ambido)

Etiquetas:

Deberìas leer...

Ver comentarios (11) o agregar un nuevo comentario

אורן יומטוב