Hace unos días tuve una conversación con un amigo (cuyo nombre no mencionaré para que su esposa y sus cinco amantes no lo maten) y me contaba que un chica se le acercó y al ver su anillo le preguntó si era casado. Él de forma astuta le contestó:

- No, que va! Yo compré este anillo porque alguien me había dicho que cuando se tiene uno de estos puesto, las mujeres se interesan más en uno.

Ella sonrió y lo miró con cara de confianza y le dijo:

- Le voy a decir la verdad. Lo importante no es si usted es casado. A las mujeres nos interesan otras cosas, por ejemplo: Usted tiene carro?

- No. (realmente el tiene 2)

- Ya con eso perdió mas del 50%. Si usted no tiene carro no consigue nada. Primero debe tener carro. Lo otro es que las mujeres necesitamos para ropa, salón de belleza y tarjetas de llamadas.

- Ok – respondió mi amigo sin el menor asombro.

- Es más, le puedo decir que mi novio es quien me paga mi apartamento.

Estas son cosas que no sorprenden, pues es muy sabido por muchos que son éste tipo de muchachas las que mueven la economía de nuestra querida ciudad Primara de América. Pero como la mueven?

Sencillo:

Estas chicas son las causantes de que nuestra ciudad esté llena de vehículos lujosos. Los hombres de Santo Domingo no estamos dispuestos a comprar un carro pequeño y económico por la sencilla razón de que un vehículo así no despierta el interés de las féminas.

El dominicano viste a la moda y caro. La competencia es tremenda. Las mujeres van acorde con los últimos “guays!” de la industria fashion. Vestir caro para ellas se convierte en una actividad barata, pues los gastos son financiados por los “novios”. Los hombres de igual forma deben vestir caro para demostrar que tienen recursos para cubrir los caprichos de sus “novias”.

Beber ron barato es pecado y por lo visto pecado mortal. Estas chicas no saben diferenciar entre ginebra, vodka y alcohol de hospital, pero siempre piden Grey Goose porque conocen el alto precio de esta (además la botella es buena como florero). Estas muchachas parecen cenicientas en busca de un príncipe etiqueta azul llamado Johnnie Walker.

Los regalos siempre serán prendas y objetos tecnológicos que ella no saben usar pero deben tener. Y las cabañas siempre deben estar como gasto incluido.

Así se mueve la economía de la clase media (que presume de alta) y los fondos van a al exterior (productos importados), a los chinos (por las cabañas) y a los testaferros de algunos narcotraficantes que son propietarios de bares, licor stores y colmadones.

Encima de todo eso, con lo que consume una “señorita” de estas al mes se cubre la manutención de tres niños.

Lo peor del caso es que los hombres somos tan tontos que solemos decir: “Yo me levanté esa tipa”. Mentira del diablo! Mejor diga: “Ella me vivía!”.


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אורן יומטוב