Mucho se podría decir sobre las historias que tienen como tema principal los aromas. Pero está bien claro que las sensaciones aromáticas son un difíciles de describir tanto de forma escrita como visual. Quizás usted ha tenido el honor de leer la novela “El Perfume” de Patrick Süskind (esa u con puntitos –> ü, es un lió para pronunciarla en alemán ya que hay que poner la boca como un trasero de gallina, inténtelo!). Dicho libro es tan descriptivo en cuanto los olores que la primera vez que lo leí casi vomito en el primer capítulo y en algunos momentos me tapaba la nariz para leer cierta cosas (Sí, díganme “jablador 1“!).

Todos tenemos una historia que contar que tiene que ver ya sea con el maravilloso perfume de una dama, la colonia “mataviejas” 2 de cierto caballero o con las feromonas asesinas de un moreno que se sentó a nuestro lado en un autobús (Por qué será que siempre le echamos la culpa al moreno, cuando hay blancos que huelen peor, o mejor dicho “jieden” 3 ? ).

Una de las historias referentes a los aromas que más me ha llamado la atención la recibí por tradición oral y creo que es justo que yo la siga propagando de forma escrita. Viene cuento!

(Los nombres de los personajes no son los reales, pero historia es verdadera)

Cierto día Andrés y sus amigos estaban reunidos en la embajada monteplateña de la UASD 4. Mientras conversaban de temas diversos como el precio de los combustibles, las propiedades nutritivas de suero alejandrino y sobre la alegría de cuando le aumenta a los empleados públicos y a los privados se los lleva Lucifer, vieron a Felipe que venía tomado de manos con una dama muy interesante.

La joven que acompañaba a Felipe era todo un espectáculo. Solo bastaba mirar sus ojos, su pelo, su piel, sus labios, la silueta de su cuerpo y su forma de caminar, para exclamar de forma asombrosa y solemne: “Dios mío que cosas más fea!”

Felipe se acercó al grupo y presentó a su flamante novia, la cual saludó con una sonrisa a la cual solo le faltaba un diente de oro para ser más horrible. Todos se aguantaron la risa y permanecieron con cara de agrado fingido. La novia de Felipe se disculpó y dijo que tenía clases en ese momento y que tenía que irse. Alegó que estaba encantada de conocerlos y los amigos de Felipe mintieron al unísono diciendo: “Gracias, igualmente!”.

Felipe permaneció con los muchachos. Andrés como buen estudiante de filosofía y buscador de la verdad no contuvo sus ganas de conocer la respuesta a la pregunta más enigmática de dicho momento: “Donde diablos conseguiste esa tipa tan fea?”

- Yo sé que ella es fea – contestó Felipe – Pero no se… Ella me gusta mucho porque tiene como un olorcito a ACE 5

Todos se miraron la cara y siguieron queriendo a Felipe como su amigo aunque aún no entiendan que tiene de especial una mujer con aroma a detergente.

  1. Mentiroso
  2. Perfume de olor demasiado fuerte, que envés de atraer a las féminas las espanta
  3. Versión dominicana del verdo heder
  4. En la Universidad Autónoma de Santo Domingo existen unas banquetas destinadas para ciertos grupos de estudiantes de distintos pueblos o entidades sociales, éstas reciben el nombre de “Embajadas”
  5. Marca polular de detergente y nombre génerico usado por los dominicanos para nombrar cualquier detergente

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אורן יומטוב