El llanto llenaba el lugar de ruidos predecibles y frases comunes como: "Tan  bueno que era…", "Por qué te lo llevaste?", "Mejor que hubiese muerto yo!", "Ay Papito mi hermano!", "Le acompaño en sus sentimientos", "Lo siento mucho…" y otras mentiras. Papito había sido encontrado muerto en su vehículo la noche anterior. Hacía varias semanas que había venido de Estados Unidos en plan de retirada y con bastante dinero como para llevar una vida al estilo James Bond (Martinis, Girls and Guns).

Su madre no se separaba del féretro y lloraba desesperadamente con pausas cortas a causa de la secreción nasal. Su hermana Rafelina era asistida por sus primas luego de un desmayo causado por el respectivo pataleo ante la muerte del más querido de sus ocho hermanos. Los demás parientes permanecían sentados esperando al cura para iniciar la misa y el ritual de exequias antes del entierro.

El reverendo llegó. Preparó una pequeña mesa con un mantel blanco y una cruz de madera en el centro. Se colocó una estola morada, que más bien parecía una bufanda de señora mayor, sobre sus hombros. La asamblea se puso de pie para iniciar la liturgia mientras doña Tatá, la vecina más católica del barrio, en un tono más desafinado que el de una campana oxidada y con voz arrastrada y chillona,  cantaba fervorosamente "Hacia ti morada santa".

Justamente al terminar el cántico, Papito abrió sus ojos, movió sus manos hasta lograr agarrarse  del borde del ataúd y levantó lentamente su cabeza. De inmediato se escuchó la voz de uno de los primos que gritó: "Se paró el muerto!"

La cruz de madera rodó por el suelo junto con el cáliz, la vinajera y el ritual difuntos, ya que el cura había volteado la mesa del gran susto. La madre y las hermanas corrieron junto con el presbítero y toda la multitud hacia la salida de la funeraria. Dicho reperpero llamó la atención de todos aquellos que estaban en las demás capillas y de los típicos visitantes que se quedan haciendo cuentos en el pasillo. Todos huyeron hacia la calle dejando a Papito solo que había despertado de una catalepsia y no entendía el porqué nadie se alegró al verlo "resucitado".

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אורן יומטוב