Con sus ojos a media asta, su caminar aleatorio, su camisa mal abotonada, sus medias diferentes, sus zapatos hambrientos, sus pantalones mutilados, un aroma a ron barato mezclado con humedad, sus dos dientes fantasmas, sus canas discretas y una botella sin etiqueta en sus manos, paseaba aquel losminero errante por las aceras de mi sector. La sobriedad lo había abandonado desde hace tiempo dejándolo con un “jumo” eterno y una locura temporal. Nanán era su apodo.
Solía discutir con el aire, los árboles, los perros y los colmaderos, pero solo los perros le hacían caso. Intentaba cantar boleros durante su caminar, pero las letras se le olvidaban al llegar al segundo verso. Comía una vez por semana y bebía en las horas pico. Dormía al amanecer y despertaba diez minutos más tarde. Lloraba sin razón y reía ante las tragedias. Tenía buena suerte pero mala memoria. Sabía perder la cartera, los zapatos, la vergüenza y la postura más nunca perdió su botella. Nunca cometió la indecencia de bajarse el zipper, sacar su miembro y orinar un árbol, siempre se orinaba en los pantalones. Era único.
“Ayanta Nanán!” le gritaban y él respondía con la misma frase. No le gustaba corretear a quienes se burlaban de él pues las veces que lo intentó casi se le rompe la botella al caer al suelo. Piropeaba a las de su edad. Respetaba a las menores, a las jóvenes y a las casadas. Las divorciadas no eran de su gusto, pero molestarlas no estaba de más. Se sentía joven a pesar de sus sesenta y tantos.
Entraba al colmado, pedía una botella de ron cualquiera, un guineo, una tercia de aceite de soya y una caja de fósforos. La primera vez que lo vi comprar ese combo me quedé a mirar lo que iba a hacer. Don Luis el colmadero le sirvió el aceite en un vaso plástico. Nanán lo bebió de un solo trago y peló el guineo, el cual no duró diez segundos en ser devorado. Finalmente pensé que iba a sacar un cigarrillo para encenderlo. Pero tomó la caja de fósforos y le quitó los extremos, dejándola sin donde encender los fósforos y echó los dos pedazos de cartón en la botella de ron. A mis doce años nunca había visto ritual semejante ni práctica tan extraña. Me acerqué a él y le pregunté:
- Nanán, y para qué es eso?
- Para no emborracharme – me contestó con voz estropajosa.
Si había escuchado que beberse una cucharada de aceite antes de beber ayuda a no emborracharse, pero lo de los dos pedazos de cartón…nunca!!
Ahora, que por lo que cuentas, a él no le valía, aceite ni cartones, por que como quiera vivía borracho.
saluditos
JAJAJA lo del aceite lo sabía… porque eso te recubre las paredes del estómago y el alcohol no se absorbe tan rápido.
Lo de la caja de fósforo no sé… será algún proceso químico que desconozco… jaja
Personaje clásico ese, un bebedor profesional. Me pregunto dónde conseguirá cuartos para seguir con esa bebedera, ha de tener un hígado de acero para hacer eso sin comer.
Saludos brother.
Un personaje dominicano, pobre Nanán.
Nunca había escuchado eso de la caja de fósforos, habrá que investigar mas a fondo.
cuantos trucos!….yo mejor bebo natural, total, ya no bebo mucho…
Que borracho tan decente!!!
Saludos!
Creo que en todos los barrios de la República hay un Nanán!
JEejejeje dios mio pero que personaje, en constanza la version de Nanan se llama FIFIKA, preguntenle a memoplus… jeje y en http://www.activa247.com pueden ver su foto y de otros personajes constanceros..
Pobre Nanán.
Tremendo truco ese…
No lo sabia…:P
Cada barrio tiene sus personajes pintorescos y de entre estos los alcohólicos empedernidos(que no son borrachos de ocasión, ni de fin de semana, sino borrachos por vocación y convicción) en ocasiones igualan a los locos con sus ocurrencias; son de esos individuos que poseen el extraño don de arrancarnos simultanéamente risas y lágrimas.
A pesar de que conocí varios personajes pintorescos durante mi infancia y adolescencia, los borrachos eran los menos; eran principalmente “locos”, ciegos, mendigos y mudos.