José juraba que él era un estudiante excelente. Sus notas de bachiller y su afiliación al Partido Comunista Dominicano lo hicieron llegar a Rusia. Soñaba con el progreso de su patria, el empoderamiento del proletariado y con volver a comer chimichurris en el malecón. El frío de Moscú y ciertas dificultades de la lengua lo llevaban a maldecir a Lenin por momentos, pero sabía que escaparía de aquel infierno lleno de nieve al terminar sus estudios de física.
Había pasado toda la noche realizando los planos de una máquina para fabricar bombillas, los cuales le presentaría a su profesor Dimitri Kostoff como proyecto final. José había calculado todo minuciosamente. Aquellos planos eran para José toda una obra de arte. Estaba seguro de que los rusos le besarían los pies y que quedarían con ganas de ser negros al ver aquel fenómeno de la ciencia.
Llegado el momento crucial, José abrió sus planos en la mesa del profesor. La seguridad empapaba su rostro y su sonrisa abarcaba hasta las muelas del juicio. El profesor Kostoff se quitó los lentes y mirando detenidamente los planos comenzó a tachar con una “X” cada uno de los censores de la máquina. La sonrisa de José fue disminuyendo con cada trazo del bolígrafo de aquel viejo setentón.
- Eso no sirve, hágalo de nuevo – dijo aquel monstruo soviético a José.
José sabía que había perdido una batalla pero no la guerra fría. Al llegar a su casa inició la ardua tarea de volver a realizar los planos con cálculos diferentes para los censores. Apartó de su camino todo tipo de distracciones y se dedicó por completo a dicha labor.
Dos semanas más tarde volvió a presentar los planos a Kostoff. Esta vez en vez de obtener cuarenta equis solo fue premiado con una, pero ésta abarca todo el plano. Este segundo golpe fue aún más fuerte, pues el mensaje del profesor fue:
- Usted debería poner un poco de empeño en esto. De por sí… éste está peor que el anterior. Tómese los estudios en serio amigo mío.
José no entendía aquel discurso. Acaso necesitaba más empeño que el que había puesto durante esas semanas? La furia, el deseo de superación y las ganas de volver a ir a La Matica de Boca Chica lo hicieron trabajar sin descanso. Se convirtió en adicto al café y a los malos ratos, pero desarrollo unos planos excelentes con unos cálculos extremadamente precisos.
Al llegar donde el profesor, José tenía una cara de coronel retirado y postura de mujer celosa. El profesor miró los planos y tomo su bolígrafo. Al momento en que el profesor Kostoff hizo el intento de rayar aquellos papeles, José le agarró el brazo con fuerza y lleno de irá le dijo:
- Mire su maldita madre! Que carajos es lo que usted piensa hacer? Eh coño! Qué es lo que está mal ahí?
El profesor Dimitri lo miró con una sonrisa y le dijo:
- Los planos han estado bien desde el primer día pero tú no protestas.

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אורן יומטוב