La discusión se tornó reñida. Razón? Ninguna que valiera la pena. Los cibaeños sostenían que era mil veces mejor vivir en New Jersey que en New York mientras Ricardo el humilde capitaleño del barrio Buenos Aires de Herrera estaba convencido de que New Jersey no era otra cosa más que un estado lleno de “campitos” con casas más o menos cómodas. Pero la lucha era desigual. Ricardo se estaba enfrentando a un batallón de hombres que habían salido de las entrañas del Cibao hacía más de viente años y que habían visto progresar su vida en la ciudad de Trenton.… [Seguir leyendo]
La mañana era aburrida y don Julio preparaba las horas muertas del colmado limpiando el viejo mostrador con un paño húmedo. Al son de las notas de la canción “Mi calle triste” del gran Camboy Estévez espantaba las moscas que se acercaban a los panes, dulces de leche, masitas, conconetes, jalaos y “granos de padre”. Apenas un gato gris acompañaba a don Julio en su faena diaria, la cual consistía en gran parte en la contemplación de la decadencia del negocio.
- “Esta calle al final…” – cantaba Manuelcito, mejor conocido como “Arepa” al entrar al colmado.
Don Julio lo… [Seguir leyendo]
Fueron los gritos del pequeño Antero los que despertaron a Juana Yuberkis en la mañana de aquel sábado de diciembre. Estaba acostumbrada a que Mitsubishi, su gato, se subiese a la cama todos los días a la misma hora y le rozara los brazos con su inmensa cola. Esta vez, envés de escuchar los “miaus” inocentes de su gran gato gris, se escuchaban los “Ay mami no!” desesperados de Anterito que recibía un pela como castigo por haber miccionado en su lecho. Juana Yuberkis se levantó de su cama y comenzó a buscar a su felino fiel por cada lugar.
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José juraba que él era un estudiante excelente. Sus notas de bachiller y su afiliación al Partido Comunista Dominicano lo hicieron llegar a Rusia. Soñaba con el progreso de su patria, el empoderamiento del proletariado y con volver a comer chimichurris en el malecón. El frío de Moscú y ciertas dificultades de la lengua lo llevaban a maldecir a Lenin por momentos, pero sabía que escaparía de aquel infierno lleno de nieve al terminar sus estudios de física.
Había pasado toda la noche realizando los planos de una máquina para fabricar bombillas, los cuales le presentaría a su profesor… [Seguir leyendo]
“Déjalos que se quiten la tirria!” Aquella frase sonó como música para mis promiscuos oídos. De inmediato dejé de contemplar el asfalto y miré hacia el frente. Mis ojos se encontraron con la típica lucha de clases. Un niño de color blanco y cuerpo robusto era técnicamente “abimbado” por un niño negro y delgado. El negrito lanza golpes con la agilidad de Sugar Ray Leonard en su mejores tiempos. Tenía la resistencia de Marvin Hagler, la seriedad de Mano de Piedra Durán y la crueldad de Mike Tyson. Me impresioné al ver como aquel mozalbete presentaba un variado repertorio de… [Seguir leyendo]
- Quiero ser como tú! – Me dijo el tipo.
Siempre he sabido que la frase “Quiero ser como tú!” solamente es propia de hijos que admiran mucho a sus padres o de gente que no tiene la mínima idea de que carajos quiere ser en la vida. Y aquel tipo no era hijo mío ni nada que se asemeje.
- En que sentido? – Le pregunté mientras apagaba mi cigarrillo.
- Me gustaría conquistar mujeres de la misma forma que tú.
En ese momento confirme que realmente aquel muchacho no encontraba qué hacer con su preciada existencia. Lo miré… [Seguir leyendo]
Remigio Carmona se pasaba cada una de sus noches en la soledad extraña de la cabina de Radio Caney. “Musica de madrugadas” era el nombre de su programa de bachatas el cual comenzaba a las 12:00 P.M. y terminaba a las 4:00 A.M. Remigio colocaba canciones de amargue para complacer a los camioneros, borrachos y mujeres desquiciadas que fielmente sintonizaban su espacio.
“Hablame mi vida, que me estás matanto con tu indiferencia…” con aquellas letras del Jibarito de Lares comenzaba cada noche el programa de Remigio. Aquella canción era una especie de himno o de alarma que avisaba el comienzo… [Seguir leyendo]